05 abr.
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CADA SECTOR IMPLICADO, HA DE DIVULGAR LAS BONDADES DE SUS PRODUCTOS O SERVICIOS EN DEFENSA DE SUS INTERÉS
Las masivas campañas publicitarias, divulgadas en cuantos medios consideran conveniente las grandes empresas fabricantes de cosméticos, mantienen como es natural, los estilos, tendencias o modas, que les permitan mejorar sus previsiones de beneficios.
Como es natural, los cabellos largos necesitan mayor cantidad de productos, para mitigar su natural desgaste, a la vez que recuperarse de los deterioros producidos por el excesivo calor seco.
El cabello es sensible al calor y la humedad. Por estos medios obtenidos de forma natural, la mayoría de culturas que nos han precedido durante milenios, han trasmitido al cabello infinidad de formas, rizos, ondas, tirabuzones, trenzados, alisados, recogidos, posticerías, pelucas, etc. etc. Bien cierto es que en estas épocas remotas, tales adornos solo eran asequibles, a clases sociales muy selectas.
El calor seco superior a 180º, es tremendamente perjudicial para la estructura capilar y para paliar su efecto negativo, se recomiendan “protectores térmicos”, que en realidad son productos “hidratantes” que tienen la función de “humectar” ligeramente el cabello y así “regular” el exceso de calor de las “infernales planchas”. Trabajando el cabello con calor inferior a estas altas temperaturas, obtendremos excelentes resultados siendo más valoradas nuestras técnicas y gastando menos cantidad de “protectores térmicos”.
Para planchar perfectamente la mayoría de cabellos, es preciso que en su interior “retengan“ algo de humedad natural. Resumiendo que no estén supersecos. Obtendremos buenos resultados y gastaremos menos productos.
Por el contrario, el calor húmedo es muy beneficioso para el cabello, acelera la acción de los decolorantes y colorantes en general, reduciendo su tiempo de exposición. Vaporales y radiadores capilares, aplicados adecuadamente consiguen muy buenos resultados de gran valoración técnico-profesional, al condicionar plenamente los resultados de un servicio de color, a los conocimientos del técnico colorista y dejar en segundo plano la “marca” de los productos empleados.
Asimismo, el efecto del calor húmedo sobre al cabello en la acción de toda clase de tratamientos hidratantes, bálsamos, mascarillas, lociones para caspas, o caídas, permite obtener resultados positivos que generen en los servicios mayor dependencia de su aplicación periódica en el salón.
Las grandes empresas fabricantes de cosméticos, como es lógico procuran marginar todas estas técnicas, divinizando constantemente las infinitas bondades de sus productos, a la vez que sus consignas publicitarias “minimizan” cualquier “dificultad profesional”. Hasta cierto punto este es su objetivo, provocar el consumo masivo de sus productos, y que sean aplicados muy generosamente en el propio hogar.
Como señalábamos en nuestro anterior entrada del Blog, sobre la variedad observada en la Medicina, pueden alternarse métodos clásicos, con los adelantos más modernos. La estructura del cabello, es la misma desde los orígenes de la humanidad. Las modas, estilos, o tendencias son las que cambian, siempre de acuerdo con los intereses de sus promotores.
Los profesionales, han de motivar el valor y continuidad de los servicios en sus respectivos salones, y así conseguir la total fidelidad y confianza en sus métodos de trabajo.
Recomendaciones y reflexiones que modestamente expone Manuel Badía Aragonés.
Abril de 2014
El cabello es sensible al calor y la humedad. Por estos medios obtenidos de forma natural, la mayoría de culturas que nos han precedido durante milenios, han trasmitido al cabello infinidad de formas, rizos, ondas, tirabuzones, trenzados, alisados, recogidos, posticerías, pelucas, etc. etc. Bien cierto es que en estas épocas remotas, tales adornos solo eran asequibles, a clases sociales muy selectas.
El calor seco superior a 180º, es tremendamente perjudicial para la estructura capilar y para paliar su efecto negativo, se recomiendan “protectores térmicos”, que en realidad son productos “hidratantes” que tienen la función de “humectar” ligeramente el cabello y así “regular” el exceso de calor de las “infernales planchas”. Trabajando el cabello con calor inferior a estas altas temperaturas, obtendremos excelentes resultados siendo más valoradas nuestras técnicas y gastando menos cantidad de “protectores térmicos”.
Para planchar perfectamente la mayoría de cabellos, es preciso que en su interior “retengan“ algo de humedad natural. Resumiendo que no estén supersecos. Obtendremos buenos resultados y gastaremos menos productos.
Por el contrario, el calor húmedo es muy beneficioso para el cabello, acelera la acción de los decolorantes y colorantes en general, reduciendo su tiempo de exposición. Vaporales y radiadores capilares, aplicados adecuadamente consiguen muy buenos resultados de gran valoración técnico-profesional, al condicionar plenamente los resultados de un servicio de color, a los conocimientos del técnico colorista y dejar en segundo plano la “marca” de los productos empleados.
Asimismo, el efecto del calor húmedo sobre al cabello en la acción de toda clase de tratamientos hidratantes, bálsamos, mascarillas, lociones para caspas, o caídas, permite obtener resultados positivos que generen en los servicios mayor dependencia de su aplicación periódica en el salón.
Las grandes empresas fabricantes de cosméticos, como es lógico procuran marginar todas estas técnicas, divinizando constantemente las infinitas bondades de sus productos, a la vez que sus consignas publicitarias “minimizan” cualquier “dificultad profesional”. Hasta cierto punto este es su objetivo, provocar el consumo masivo de sus productos, y que sean aplicados muy generosamente en el propio hogar.
Como señalábamos en nuestro anterior entrada del Blog, sobre la variedad observada en la Medicina, pueden alternarse métodos clásicos, con los adelantos más modernos. La estructura del cabello, es la misma desde los orígenes de la humanidad. Las modas, estilos, o tendencias son las que cambian, siempre de acuerdo con los intereses de sus promotores.
Los profesionales, han de motivar el valor y continuidad de los servicios en sus respectivos salones, y así conseguir la total fidelidad y confianza en sus métodos de trabajo.
Recomendaciones y reflexiones que modestamente expone Manuel Badía Aragonés.
Abril de 2014
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